martes, 27 de enero de 2009

Una novela epistolar 2

Lo prometido es deuda y uno no puede faltar a su palabra (y mucho menos si es escrita...). De manera que ahí van cuatro ideas sobre la aparición de la correspondencia como género literario:
La novela epistolar tuvo su edad de oro en el siglo XVIII y apareció como una evolución de las novelas en primera persona, que tanto éxito tuvieron en el siglo anterior, por la demanda de realismo literario de los lectores. La correspondencia (así como los diarios) es un sistema de credibilidad de la escritura novelesca, un procedimiento que consigue fundamentar el efecto de verdad del texto por su carácter estrictamente íntimo y privado. La carta es donde uno se abandona al aquí y ahora de su intimidad, donde se abstiene de las reglas formales de la retórica que limitan su expresión y se confiesa confiado, de ahí la credibilidad y en consecuencia, su atractivo como recurso literario para los autores.
Estos razonamientos responden a la aparición de las cartas como recurso literario, pero si se convirtió en género fue gracias a su éxito entre los lectores fundamentado en la colocación del lector como voyeur.
Y es que, en definitiva ¿a quién no le gusta mirar por el ojo de la cerradura?

3 comentarios:

  1. Manuel Requena Cruz28 de enero de 2009, 11:59

    Comparto su punto de visto, creo que es totalmente acertado.
    En general aquello que mueve a un lector a leer según qué libro es primero la curiosidad, el conocer aspectos antes desconocidos para él. Según mi punto de vista, la gran mayoría de las personas de nuestra sociedad comparte el gusto por conocer aquello que no es visible de manera sencilla y sin trabas.
    Por tanto, utilizar las cartas como recurso es claramente un instrumento útil y efectivo para atraer al lector.

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  2. Muy cierto, la curiosidad mueve el mundo.

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  3. Mirar en libro, es, en sí mismo, un acto de voyeaurismo. Indagas en lo que ha escrito otro y en todo el universo que generan esas maravillosas hojas llenas de letras. Esos personajes, esas historias. Si a eso le sumas entrar en la intimidad de la correspondencia...voilà! con la de confesiones que se hacen cuando uno escribe. La curiosidad mueve el mundo y lo tambalea.

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